Muchos son los jugadores que llegan al Real Madrid con la intención de dejar su huella en la historia de la intitución madrileña. Sin embargo, hubo uno que llegó por allá de un lejano agosto de 2012 que para los aficionados no parecía tener mucho futuro en el club. Luka Modrić, un pequeño, flaco jugador croata que venía de jugar en el Tottenham Hotspur.

Lo que muchos sueñan, es algo que pocos logran. Jugadores que vinieron con un mejor cartel (Eden Hazard, James Rodríguez, Ricardo Kaká) llenaron los ojos a primera vista del aficionado madridista. Pero lo que no muchos esperaban era que ese mediocampista croata se volviera un ídolo en el Santiago Bernabéu.

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De Londres a Madrid

Llegar al Real Madrid es una tarea ardua, por más contradictorio que parezca. La presión está en uno de los niveles más altos del mundo del fútbol, una exigencia que pocos clubes pueden igualar. Luka Modrić lo vivió en carne propia: en sus primeros meses, fue duramente criticado por la prensa, que lo calificó como un «desperdicio de dinero» debido al alto costo de su traspaso, que en ese momento ascendió a 35 millones de euros.

José Mourinho fue el técnico que pidió explícitamente de los servicios del jugador nacido en Zadar. Apesar de parecer tener todo en contra, Luka hizo lo que mejor sabía hacer: jugar al fútbol con el balón en sus pies. En un centro del campo con figuras como Xabi Alonso o Mesut Özil, Modrić llegó para convertirse en el amo y dueño de esa parcela. Supo callar a todos sus detractores sin tener que decir una palabra, sino únicamente demostrando su calidad en los terrenos de juego.

El equipo de Modrić

Con el croata como conductor del equipo, el Real Madrid revivió sus épocas doradas en competiciones internacionales. Juntos conquistaron 28 títulos, entre los que destacan las seis Champions League, donde Modrić comparte el récord con Dani Carvajal como el jugador con más trofeos en la historia del torneo europeo de clubes.

El mediocampo que formó junto a Toni Kroos y Casemiro ya puede ser considerado uno de los mejores tríos en la historia del fútbol. Cada uno aportaba cualidades únicas: la visión y precisión milimétrica de Kroos, la capacidad de recuperación y equilibrio de Casemiro, y el talento creativo, el ritmo y la inteligencia táctica de Modrić. No cabía duda de que el croata era quien llevaba las riendas de ese engranaje, marcando los tiempos del juego y liderando desde el silencio con una elegancia inigualable.

Su talento exquisito lo llevó a lograr una hazaña histórica: ganar el Balón de Oro en 2018. Y no fue un premio cualquiera. Modrić se convirtió en el primer jugador en romper el largo dominio que durante una década habían ejercido Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. Su reconocimiento no solo premió su rendimiento individual, sino también su papel fundamental en el Real Madrid campeón de Europa y en la selección croata, con la que alcanzó una final de Copa del Mundo por primera vez en la historia del país.

No es un adios, es un hasta luego

Tras 13 años en el Real Madrid, el 22 de mayo de 2025 se anunció mediante un comunicado oficial que el mago croata dejará de vestir de blanco una vez finalice el Mundial de Clubes. La noticia, aunque emotiva, fue recibida con comprensión por parte de la afición. Y es que, si bien Modrić es una leyenda indiscutible del madridismo, la más que probable llegada de Xabi Alonso al banquillo blanco apunta a una reestructuración profunda y necesaria de la plantilla, en la que dar paso a nuevas generaciones se vuelve imperativo.

Luka Modrić no tardó en despedirse con mucho cariño y respeto de todos los seguidores que coreaban su nombre en el Santiago Bernabéu. Su último partido en casa, frente a la Real Sociedad, será la ocasión perfecta para que el madridismo rinda homenaje a quien elevó al club a un nuevo nivel de éxito. Será una noche cargada de emociones, en la que cada aplauso y ovación resonará como agradecimiento a un jugador que marcó una época con su talento, liderazgo y compromiso.