En el entorno de la selección peruana, la búsqueda de un ‘9’ consolidado en el extranjero es un debate constante. Si bien la última convocatoria abrió el radar hacia ligas como la de Israel con Adrián Ugarriza, existe otro nombre en el Viejo Continente que pide atención: Renato Espinosa. El delantero nacional es uno de los pocos peruanos que compite hoy en una primera división europea, específicamente en el Unirea Slobozia de Rumanía, pero su presente ha pasado desapercibido para la gran mayoría.

Con 2 goles anotados en sus primeros 270 minutos de juego, Espinosa aprovecha su 1.85 metros de estatura y su potencia física para abrirse paso como una nueva alternativa para la Bicolor. Ante esta nueva etapa, Pase Filtrado conversó con él sobre su actualidad, su adaptación a un fútbol europeo y sus aspiraciones a corto y largo plazo.

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¿Cómo definirías los últimos meses de tu carrera?

«Han sido meses de mucho cambio y superación. En Alianza Atlético sufrí tres lesiones fuertes seguidas que me afectaron anímicamente, pues esperaba dar un salto grande ese año. Gracias al apoyo de mi familia y mi enamorada, superé ese bajoneo y la depresión —porque somos personas, no robots—, volví a jugar y empecé a hacer goles.»

«Después de pasar por todo eso, llego a Europa, debutando con gol. Es duro estar lejos, sin poder celebrar con los tuyos, con siete horas de diferencia horaria. Son situaciones que lo mueven a uno y lo obligan a superarse. Por eso, estos últimos meses han sido de bastante superación personal y deportiva.»

Me imagino que a nivel personal debe ser un reto aún más grande. ¿Qué haces en tu tiempo libre para poder sobrellevarlo?

«Es complicado por el idioma, el rumano es muy distinto, así que me comunico en inglés con un grupo de extranjeros para salir a veces. Pero paso mucho tiempo en casa; hablo con mi familia o armo Legos, que me encantan. Y en el Play, ahorita estoy jugando FIFA 26, específicamente el modo carrera controlándome a mí mismo, o Warzone. Soy malísimo en los dos, pero me divierto. Lo importante es mantener la cabeza ocupada en algo, porque si no, la soledad te mata».

Y en el plano futbolístico, ¿qué diferencias has notado en el juego entre Perú y Rumanía?

«Es un juego mucho más físico, no se concentran en tener la pelota. Chocas por todos lados; no hay partido del que no salga con un tajo, pero me fui acostumbrando. La gran diferencia es el tiempo de juego: mientras allá se para mucho, acá el árbitro resuelve el VAR en 20 segundos y sigues jugando».

¿Crees que tu físico te ha ayudado a facilitarte llegar a este tipo de liga?

«Siempre he tenido esa mentalidad de cuidar el arma con el que trabajo, básicamente. El trabajo en el gimnasio, hacer los trabajos serios, porque el comando técnico es gente que ha estudiado el tema. En Perú yo soy un tipo alto, pero acá soy un enano. Yo voy a chocar contra defensas que miden desde 1.90 m. Por eso esa combinación de fuerza y la maña que te da la experiencia te ayuda bastante.»

¿Qué crees que te faltó en tu etapa juvenil para dar este salto a Europa antes?

«De hecho, lo que más influyó fue el pasaporte comunitario. Contaba con los dedos de una mano a los extranjeros que podían jugar sin él; acá son muy estrictos. Conozco casos, como el del ‘Che’ (Horacio Benincasa) en el Tottenham, a quien le dijeron: ‘No nos sirve, regresa’. Si hubiese tenido el pasaporte antes, seguramente la historia sería distinta y mi salto se hubiese dado más rápido.»

¿Cómo llega la oferta de Rumanía viniendo de un equipo de provincia?

«Fue una locura. Venía de una media temporada muy buena porque en Huancayo casi ni jugué. Me voy a Sullana a medio año y hago ocho goles en cuatro o cinco meses. Nos quedamos a un paso de la Copa Sudamericana, y mi proyecto personal era enfocarme en un 2025 excelente, pero vinieron tres lesiones que no me dejaron jugar. De repente, un día, regresando de un partido en Cusco, me levanté el teléfono: ‘Hay una oferta de Rumanía, ¿te gustaría ir?’. No la pensé dos veces.

Ese mismo día lo llamé al presidente y al técnico. Les conté la situación y, con la pena en mi corazón por dejar a un equipo tan maravilloso con el que teníamos el objetivo de un torneo internacional, les dije que me gustaría ir. Fue complicado, pero tuve que poner mis intereses por delante; llegar a Europa es un sueño, sobre todo a mis 27 años, cuando no es normal que te llegue una oportunidad así. La idea se concretó en cuatro o cinco días.

Fue rapidísimo. El torneo ya había empezado y me querían lo antes posible. Yo venía de Cusco a Lima, vivía en Piura, y tuve que hacer una mudanza relámpago: Piura-Lima, y luego Lima-Rumanía. Hice todo en cinco días, fue muy loco.»

Este año aportaste tu cuota en Sullana y ahora, tras tu partida, el equipo clasificó a la Copa Sudamericana. ¿Te sientes aún parte de ese logro?

«Sí, hablo con la mayoría y me puse muy contento, la verdad. Acá es muy complicado ver la Liga 1 por temas de bloqueo geográfico (VPN), pero los seguía por los videos que subían las páginas en Instagram o resúmenes de YouTube. Al final sí me sentí parte del equipo y de esa clasificación, porque fue un objetivo que nos planteamos todos juntos.»

¿Por qué has pasado por tantos equipos distintos hasta llegar a Europa?

«No soy un tipo al que le guste estar en su zona de confort; siempre busco lugares donde me sienta retado para evolucionar. Esa mentalidad a veces juega en contra. Por ejemplo, tras un buen año en Municipal en 2022, la ‘U’ me contactó para ser cuarto delantero, pero preferí ir a Cantolao para ser la estrella y pelearla desde cero. Al final terminé descendiendo y la ‘U’ campeonó. Uno no tiene una bola de cristal, pero asumo mis decisiones a muerte. Quizás, si hubiera elegido distinto, hoy no estaría aquí en Europa.»

¿Qué expectativas tienes con el Unirea?

«Mis expectativas son muy claras. Tengo dos temporadas de contrato acá y quiero asentarme en el equipo, ganarme la titularidad, ser goleador y, desde aquí, ver la posibilidad de seguir dando saltos (a otros clubes) en Europa. Es un desafío, porque como extranjero es mucho más difícil ser titular. Acá son muy nacionalistas: si tienen un rumano y un peruano que rinden similar, ponen al rumano. Por eso, mi trabajo es marcar esa diferencia y rendir al máximo para que siempre me elijan a mí.»

¿Te ves intentando competir en ese puesto de delantero de la Selección?

«El tema selección es un sueño y un objetivo pendiente para cualquier jugador. Siento que llegar a la absoluta de mi país es la meta que aún tengo por cumplir y me encantaría lograrla. Por eso no busco mantenerme en una zona de confort, sino seguir retándome y mejorando en mi carrera. Lo hago con la esperanza de poder aportar mi granito de arena en una eventual convocatoria.»

¿Ha habido algún contacto por parte de la FPF?

«No he tenido ningún tipo de contacto, pero me encantaría estar bastante cerca, al menos que se esté hablando de mí un poco. Igualmente, no es algo que me quite el sueño, porque si no me convocan, no voy a bajar los brazos. Al contrario, debe ser un motor para seguir trabajando y decir: ‘¿Por qué no me están convocando? Le voy a meter cada vez más’. Tengo esa mentalidad para poder algún día llegar a la selección.»

¿A qué equipo te gustaría volver si regresas a Perú?

«Yo siempre lo he dicho: más allá de ser un profesional que defiende a muerte la camiseta que le toque, soy hincha de Cristal, y por supuesto que me encantaría volver a ese club en algún momento. Pero también le tengo mucho cariño a Alianza Atlético porque, gracias a ese club, hoy estoy acá. Hay una anécdota: yo estaba casi retirado por unos temas personales cuando ellos me dieron la oportunidad de volver a jugar y volver a ser feliz en el fútbol. Si en algún momento se vuelve a ver la posibilidad de que Municipal esté en Primera División, me encantaría también, pues la pasé muy bien ahí.»