Lo que el marketing intenta vender como un reencuentro de lujo, la realidad lo expone como el declive inevitable de la «Generación de Oro». Casi ocho años después de Rusia 2018, la mayoría del plantel ha dejado de ser atractivo para el mercado internacional. Para este 2026, el fútbol peruano recibe a 15 mundialistas, no en su plenitud física ni futbolística, sino en la curva descendente de sus carreras.

La Liga 1 y la Liga 2 se convierten así en el refugio forzoso para un grupo de jugadores que, tras perder espacio en ligas competitivas, no les ha quedado más remedio que volver a casa para estirar sus últimos años de actividad. Así, se acaba una era que nos dejó con una alegría que muchos peruanos hubieran querido vivir pero también con la incertidumbre de que viene después de esto.

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Los ‘Grandes’ como depósito de los mundialistas

La situación en los equipos de Lima desnuda el estancamiento. Alianza Lima es el único que mueve el mercado real con la incorporación de Luis Advíncula, el único «refuerzo» mundialista de la temporada en Matute. El resto del contingente blanquiazul —Paolo Guerrero, Miguel Trauco y Pedro Aquino— ya formaba parte del plantel anterior y se mantiene en el club, evidenciando que su retorno al Perú se volvió su destino final. Situación idéntica vive Universitario, que no ficha a nadie nuevo de esa camada, sino que sostiene a Edison Flores, Andy Polo, Aldo Corzo y Anderson Santamaría, quienes ya estaban asentados en Ate sin opciones de emigrar nuevamente.

En el Rímac la historia se repite. Sporting Cristal mantiene a Yoshimar Yotún y Miguel Araujo, consolidando la tendencia de los tres grandes: acumular a los referentes históricos que, por edad o rendimiento, ya no encuentran lugar en ligas competitivas. Lejos de ser un torneo que exporta, la Liga 1 se ha convertido en un torneo de permanencia para figuras que, como Carlos Cáceda en Melgar, han hecho de la liga local su hábitat definitivo ante la falta de demanda internacional.

El golpe de realidad: Fichajes en provincia, Liga 2 y el retiro forzoso

Donde el declive se hace más evidente es en los movimientos de los jugadores que ya no tienen cabida ni en los grandes de Lima. Este mercado de pases ha sido cruel con figuras como Christian Cueva, quien intentará rescatar su carrera en el modesto Juan Pablo II. A su par Nilson Loyola, nuevo fichaje del FC Cajamarca, jugando por equipos que pelean objetivos muy distintos a los de una Copa del Mundo. A ellos se suma el caso de Raúl Ruidíaz, quien lejos de su estatus de estrella en la MLS, ahora pertenece Atlético Grau en Piura.

El descenso en la jerarquía toca fondo con Paolo Hurtado, el único de mundialistas que jugará la Liga 2 defendiendo a Comerciantes FC. La situación es más crítica para Christian Ramos, quien a sus 37 años permanece sin equipo como el único agente libre activo. Es una señal del retiro inminente que ya confirmaron referentes históricos como Jefferson Farfán, Alberto Rodríguez y José Carvallo. Apenas cuatro nombres resisten fuera: Gallese, Cartagena, Tapia y Carrillo son los últimos sobrevivientes en el extranjero. Queda claro que esta generación ya pasó su época, dejando una gran incertidumbre sobre el recambio en la selección nacional.